
Nuestros gobernantes parecen no comprender que la
construcción del nuevo Estado
Plurinacional requiere del
fortalecimiento de las capacidades para tal situación, que esto se logra a partir del permanente aprendizaje de las experiencias vividas y que tales experiencias son el mayor capital que tienen las
instituciones para su éxito. En el caso del Ministerio de Culturas, la importancia de esta memoria es mayor debido al reto que significa pasar a una instancia de primer nivel en la generación de políticas de Estado. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, la continuidad del partido de gobierno en el poder (MAS,
Organizaciones indígenas y campesinas, sindicatos y "movimientos sociales") se auto provoca una embolia
institucional que deja a gran parte del aparato estatal parapléjico, a cuya dirección han colocado a personas que poco saben del tema o la gestión que les compete emprender, que tocándoles el turno de dar celeridad y agilidad al proceso de cambio, lo detienen, estancan o paralizan, postergando por segunda vez las transformaciones estructurales que tanto esperan los actores culturales, entre ellos los que
están inmersos en el estudio, protección y valorización del patrimonio cultural
arqueológico, que ven con zozobra los guiñapos de la vieja y corrupta arqueología aún latiendo en la principal instancia estatal responsable de desarrollar políticas públicas para el sector, ante la
impasividad e indiferencia de quienes diariamente se llenan la boca con
clichés acerca de la
sabiduría de los abuelos, el poder de los
achachilas, la energía de los ancestros, la
pachamama, el
pachacuti y el legado de las antiguas y gloriosas culturas
prehispánicas. ¡Acabemos con la enfermedad de una vez y construyamos una nueva arqueología!
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